Serie · 2026–Present
STRATA
La materia como registro de aquello que permanece
Sobre esta serie
STRATA reúne pinturas abstractas donde la superficie se vuelve territorio de presión, corte y duración. Entre campos cromáticos densos, bloques compactos e incisiones, Maurizio Valch sitúa la memoria como una huella material antes que como un relato descifrable.
En STRATA, el territorio ya no se presenta como una distancia que se contempla. Se acerca hasta adquirir espesor, resistencia y marcas. Maurizio Valch trabaja la pintura como una superficie sometida a acumulaciones, reducciones, raspados y cortes; un campo donde el color no cubre simplemente el lienzo, sino que conserva la historia física de su transformación. Acrílico y óleo se organizan en capas, veladuras y zonas de materia concentrada que hacen perceptible una duración sin necesidad de narrarla.
Las incisiones ocupan un lugar decisivo en esta búsqueda. No son líneas añadidas para delimitar formas: atraviesan los estratos pictóricos y dejan una alteración real en la superficie. Pueden sugerir recorridos, divisiones o cartografías incompletas, pero se resisten a convertirse en un mapa legible. Esa reserva es esencial en la práctica de Valch, para quien una imagen no debe quedar reducida a una equivalencia fija. La marca registra que algo ha pasado, aunque no entregue la causa ni el destino de ese tránsito.
Los bloques compactos y las divisiones horizontales introducen otra clase de presencia. Pesan sobre el campo cromático, interrumpen su continuidad y establecen zonas de contención. En ellos puede sentirse la cercanía con una arquitectura elemental o con una forma endurecida por el tiempo. Sin imponer una lectura psicológica cerrada, la serie permite pensar en aquello que se fija dentro de una vida: hábitos de percepción, recuerdos, creencias o estructuras que protegen y, al mismo tiempo, limitan. La materia conserva aquí una autonomía decisiva; antes de significar algo, el bloque es volumen, densidad y relación espacial.
Esta atención a la superficie aproxima a STRATA a problemas presentes en Antoni Tàpies y Alberto Burri: la pintura entendida como muro, piel o cuerpo expuesto a presión, erosión y ruptura. Sin embargo, Valch mantiene una organización territorial más contenida. Sus campos cromáticos, horizontes y formas monolíticas no abandonan del todo la memoria del paisaje, aunque ese paisaje ya no pueda identificarse con una geografía exterior. El territorio aparece como suelo, archivo y límite compartido.
La serie prolonga una investigación que atraviesa el recorrido del artista desde espacios más próximos al sueño y al horizonte hacia una materia cada vez más concentrada. En STRATA no hay promesa de superación ni una salida trazada de antemano. Hay superficies que resisten, cortes que abren una discontinuidad y composiciones donde la quietud nunca equivale a inmovilidad. Frente a ellas, el espectador puede percibir que aquello que permanece inscrito no está necesariamente clausurado: una marca también puede ser el punto desde el que una forma comienza a reorganizarse.
Las incisiones ocupan un lugar decisivo en esta búsqueda. No son líneas añadidas para delimitar formas: atraviesan los estratos pictóricos y dejan una alteración real en la superficie. Pueden sugerir recorridos, divisiones o cartografías incompletas, pero se resisten a convertirse en un mapa legible. Esa reserva es esencial en la práctica de Valch, para quien una imagen no debe quedar reducida a una equivalencia fija. La marca registra que algo ha pasado, aunque no entregue la causa ni el destino de ese tránsito.
Los bloques compactos y las divisiones horizontales introducen otra clase de presencia. Pesan sobre el campo cromático, interrumpen su continuidad y establecen zonas de contención. En ellos puede sentirse la cercanía con una arquitectura elemental o con una forma endurecida por el tiempo. Sin imponer una lectura psicológica cerrada, la serie permite pensar en aquello que se fija dentro de una vida: hábitos de percepción, recuerdos, creencias o estructuras que protegen y, al mismo tiempo, limitan. La materia conserva aquí una autonomía decisiva; antes de significar algo, el bloque es volumen, densidad y relación espacial.
Esta atención a la superficie aproxima a STRATA a problemas presentes en Antoni Tàpies y Alberto Burri: la pintura entendida como muro, piel o cuerpo expuesto a presión, erosión y ruptura. Sin embargo, Valch mantiene una organización territorial más contenida. Sus campos cromáticos, horizontes y formas monolíticas no abandonan del todo la memoria del paisaje, aunque ese paisaje ya no pueda identificarse con una geografía exterior. El territorio aparece como suelo, archivo y límite compartido.
La serie prolonga una investigación que atraviesa el recorrido del artista desde espacios más próximos al sueño y al horizonte hacia una materia cada vez más concentrada. En STRATA no hay promesa de superación ni una salida trazada de antemano. Hay superficies que resisten, cortes que abren una discontinuidad y composiciones donde la quietud nunca equivale a inmovilidad. Frente a ellas, el espectador puede percibir que aquello que permanece inscrito no está necesariamente clausurado: una marca también puede ser el punto desde el que una forma comienza a reorganizarse.
Etiquetas
pintura abstracta contemporánea; abstracción territorial; pintura matérica; arte abstracto minimalista; pintura brutalista; acrílico y óleo; lienzo; superficies estratificadas; campos cromáticos; incisiones; líneas incisas; bloques monolíticos; divisiones horizontales; paisajes abstractos
Obras de la serie