Serie · 2024–Present
MARE SOMNIORUM
Memoria mediterránea entre luz, distancia y formas suspendidas
Sobre esta serie
MARE SOMNIORUM transforma la experiencia mediterránea de Maurizio Valch en un territorio pictórico abierto, donde horizonte, silencio y estructuras aisladas conservan la intensidad de un lugar sin describirlo literalmente. Sus pinturas sostienen una distancia entre lo vivido y lo imaginado, entre el desplazamiento y la quietud.
MARE SOMNIORUM parte de una experiencia mediterránea que Maurizio Valch no busca fijar como vista ni como recuerdo ilustrado. La luz intensa, la sequedad de la tierra, el mar entendido como límite y amplitud, y la persistencia del horizonte se desplazan hacia un espacio que conserva una memoria de lugar sin quedar atado a una geografía reconocible. El Mediterráneo aparece menos como una costa que como una condición de percepción: una extensión donde la claridad no elimina la distancia y donde lo abierto puede seguir siendo extraño.
Los campos cromáticos, los planos horizontales, los vacíos, las vías y las formas compactas organizan territorios que parecen atravesables, aunque no ofrecen una orientación concluyente. Un camino puede internarse en la superficie y perderse; un bloque puede adquirir el peso de una construcción, de un vestigio o de una presencia sin nombre. Valch no emplea estos elementos como un vocabulario que deba descifrarse. Los deja actuar mediante su posición, su aislamiento y la relación que establecen con la extensión que los rodea.
Esa suspensión encuentra una resonancia particular en una sensibilidad marcada por el tránsito. En la experiencia del artista, desplazarse no equivale necesariamente a llegar: importa también la condición intermedia, el tiempo de caminar sin una conclusión inmediata, la pertenencia provisional y la mirada que se modifica al abandonar un lugar. La serie conserva algo de esa atención. Sus composiciones no narran viajes, pero contienen la incertidumbre de una dirección que todavía no se ha convertido en destino. El horizonte, lejos de prometer una llegada, mantiene abierta la distancia.
También persiste una temporalidad más amplia que la memoria individual. El Mediterráneo, atravesado por rutas, asentamientos y capas de civilizaciones, entra en estas pinturas sin convertirse en reconstrucción histórica. Las estructuras aisladas y los intervalos silenciosos pueden hacer sentir una duración anterior y posterior a quien mira. En ese sentido, la luz no revela una escena completa: permite medir lo que permanece inaccesible, la separación entre las formas y el tiempo acumulado en un territorio.
La afinidad con una construcción territorial cercana a Richard Diebenkorn puede ayudar a reconocer cómo la abstracción conserva una memoria de paisaje. Sin embargo, en Valch los planos tienden a condensarse en una atmósfera más silenciosa, remota y onírica. MARE SOMNIORUM no convierte el sueño en relato ni el paisaje en símbolo psicológico. Mantiene ambas dimensiones en estado de relación: un mundo reconocible en sus horizontes y sus distancias, pero suficientemente desplazado para que cada espectador permanezca ante él sin terminar de poseerlo.
Los campos cromáticos, los planos horizontales, los vacíos, las vías y las formas compactas organizan territorios que parecen atravesables, aunque no ofrecen una orientación concluyente. Un camino puede internarse en la superficie y perderse; un bloque puede adquirir el peso de una construcción, de un vestigio o de una presencia sin nombre. Valch no emplea estos elementos como un vocabulario que deba descifrarse. Los deja actuar mediante su posición, su aislamiento y la relación que establecen con la extensión que los rodea.
Esa suspensión encuentra una resonancia particular en una sensibilidad marcada por el tránsito. En la experiencia del artista, desplazarse no equivale necesariamente a llegar: importa también la condición intermedia, el tiempo de caminar sin una conclusión inmediata, la pertenencia provisional y la mirada que se modifica al abandonar un lugar. La serie conserva algo de esa atención. Sus composiciones no narran viajes, pero contienen la incertidumbre de una dirección que todavía no se ha convertido en destino. El horizonte, lejos de prometer una llegada, mantiene abierta la distancia.
También persiste una temporalidad más amplia que la memoria individual. El Mediterráneo, atravesado por rutas, asentamientos y capas de civilizaciones, entra en estas pinturas sin convertirse en reconstrucción histórica. Las estructuras aisladas y los intervalos silenciosos pueden hacer sentir una duración anterior y posterior a quien mira. En ese sentido, la luz no revela una escena completa: permite medir lo que permanece inaccesible, la separación entre las formas y el tiempo acumulado en un territorio.
La afinidad con una construcción territorial cercana a Richard Diebenkorn puede ayudar a reconocer cómo la abstracción conserva una memoria de paisaje. Sin embargo, en Valch los planos tienden a condensarse en una atmósfera más silenciosa, remota y onírica. MARE SOMNIORUM no convierte el sueño en relato ni el paisaje en símbolo psicológico. Mantiene ambas dimensiones en estado de relación: un mundo reconocible en sus horizontes y sus distancias, pero suficientemente desplazado para que cada espectador permanezca ante él sin terminar de poseerlo.
Etiquetas
pintura abstracta contemporánea; abstracción territorial; paisaje abstracto; arte abstracto minimalista; pintura abstracta brutalista; arte geométrico contemporáneo; campos de color; horizontes; divisiones espaciales; formas monolíticas; bloques abstractos; caminos y vías; formas suspendidas; arte inspirado en el Mediterráneo
Obras de la serie