Maurizio Valch, VIA SOLIS, serie MARE SOMNIORUM. 120 × 80 × 3 cm.

Obra publicada / MARE SOMNIORUM

VIA SOLIS

Una vía blanca entre bloques luminosos y una distancia sin destino confirmado.

Medidas
47.2 × 31.5 in / 120 × 80 cm
Serie
MARE SOMNIORUM Serie pictórica MARE SOMNIORUM 2024–Present · 3 obras MARE SOMNIORUM transforma la experiencia mediterránea de Maurizio Valch en un territorio pictórico abierto, donde horizonte, silencio y estructuras aisladas conservan la intensidad de un lugar sin describirlo literalmente. Sus pinturas sostienen una distancia entre lo vivido y lo imaginado, entre el desplazamiento y la quietud. Ver serie
Estudios de contexto
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Nota conceptual

La luz no conduce necesariamente a una llegada. En VIA SOLIS, Maurizio Valch dispone una vía blanca que entra desde el borde inferior y se estrecha hacia una distancia incierta, entre un suelo de rojos y ocres y una sucesión de volúmenes luminosos. El título orienta la mirada hacia el sol, pero el astro naranja suspendido a la izquierda no funciona como destino: permanece apartado del recorrido. Dentro de MARE SOMNIORUM, la obra condensa una memoria mediterránea sin describir una costa ni una localidad; conserva, en cambio, la exposición de la tierra, el horizonte bajo y la claridad intensa que vuelve extrañas las distancias.

Los grandes planos verticales podrían recordar muros, fachadas o formaciones detenidas junto al paso. Sin embargo, su escala cambia a medida que la vía avanza y no permite fijar una geografía estable. Algunas pequeñas escaleras incisas aparecen sobre esas superficies, casi absorbidas por el color: introducen la posibilidad de acceso, aunque no aclaran hacia dónde se sube ni qué se alcanza. La franja verde, comprimida entre amarillos y naranjas, altera la continuidad cálida de los volúmenes y sostiene una presencia que no termina de convertirse en puerta, sombra o construcción reconocible.

Hay una afinidad puntual con la construcción territorial de Richard Diebenkorn: la abstracción retiene una memoria de recorrido y paisaje mediante planos que organizan profundidad. Valch se aparta de aquella apertura más aérea al llevar los bordes hacia una claridad más frontal y compacta. La distancia no se contempla desde arriba; se experimenta al borde de un camino que sigue abierto, pero cuya orientación no ofrece una conclusión.

El rosa grisáceo del cielo enfría levemente el resplandor de la escena, mientras el blanco de la vía separa y a la vez enlaza el campo terrestre con los bloques laterales. Rojos densos, amarillos abrasados y naranjas construyen un territorio de fuerte presencia física; las líneas incisas devuelven a sus superficies una escala humana y vulnerable. VIA SOLIS deja suspendida una pregunta sencilla: qué ocurre cuando una dirección es visible, pero el lugar al que lleva permanece fuera de la pintura.