Obra publicada / SITUS
SINGULA
La distancia y la posición como territorio de relaciones
- Medidas
- 47.2 × 31.5 in / 120 × 80 cm
- Serie
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SITUS
Serie pictórica
SITUS
SITUS reúne pinturas abstractas donde la posición de una forma, la distancia que la separa de otra y la actividad del vacío construyen un territorio de relaciones. Maurizio Valch trabaja líneas, bordes, desniveles y campos cromáticos como condiciones de presencia antes que como signos de una narración cerrada. Ver serie
- Estudios de contexto
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Nota conceptual
SINGULA se sitúa en el centro de la serie SITUS, un conjunto de obras donde Maurizio Valch investiga el territorio no como una geografía exterior que contemplar, sino como un sistema de relaciones de posición, distancia y pertenencia. Tras transitar por los espacios oníricos de sus series tempranas, el artista asienta aquí su búsqueda en una estructura de niveles donde las formas deben negociar su propio lugar. La obra se presenta como un mapa de posiciones relativas, un escenario austero donde cada elemento parece ensayar qué significa ocupar un espacio, resistir en una pendiente o quedar suspendido en el margen de un campo cromático que rehúye la descripción literal.
La tensión que vertebra esta pieza radica en la distancia y en la alternancia entre la presencia maciza y el vacío delimitado. Al confrontar bloques sólidos de un carmesí denso con estructuras rectangulares que son apenas un contorno hueco, la obra abre una interrogante sobre la naturaleza de lo que elegimos conservar y lo que dejamos abierto. No hay un centro que ordene la mirada; el ojo se ve obligado a desplazarse por las pendientes de estas subdivisiones territoriales, experimentando la separación física como una forma de relación interna. La pintura plantea si la identidad y el espacio se definen por lo que acumulan o, por el contrario, por el intervalo de silencio que se sostiene entre ellos.
En esta economía del intervalo, la composición revela una afinidad con la sobriedad del músico estonio Arvo Pärt, especialmente en su atención a la pausa y a la resonancia de lo que permanece callado. Sin embargo, mientras en Pärt el silencio estructura el tiempo, en la pintura de Valch la quietud se encarna en la materia física. La incisión que corta el plano azul no es una línea limpia e ideal, sino un rastro físico que atraviesa las capas de pigmento. Este gesto sustractivo diferencia su abstracción de un mero ejercicio geométrico o racional, dotando al plano de una cualidad táctil y habitable que aproxima la pintura a la condición de relieve.
Visualmente, la obra se sostiene sobre un campo de azul índigo profundo que es interrumpido en su base por una franja horizontal de color carmesí vibrante, un suelo rotundo que actúa como anclaje del cuadro. Sobre esta penumbra, las incisiones blancas trazan pendientes suaves, cordilleras de líneas incisas de donde penden y sobre las cuales se apoyan las formas. Dos contornos rectangulares vacíos y tres bloques rojos macizos se distribuyen a lo largo de este relieve de niveles, equilibrando el peso visual mediante sutiles sombras inferiores que sugieren volumen. Cada elemento, por su escala y aislamiento, funciona como una nota solitaria en un pentagrama de fuerzas terrestres, donde el color no ilustra, sino que ejerce presión y temperatura.
Cuando trabajo en obras como esta, busco despojar al territorio de todo ruido para quedarme únicamente con la distancia pura entre las cosas. Me pregunto a menudo cuánta materia necesita una forma para empezar a existir, y si es el contorno vacío o el bloque lleno lo que mejor define nuestra manera de habitar un lugar. Al trazar estas incisiones sobre el azul profundo, no busco dibujar caminos ni imponer un orden rígido; simplemente necesito abrir grietas, marcar niveles y observar cómo cada elemento singular resiste el deslizamiento, sosteniéndose en su propio borde como si fuera el último refugio posible.