Obra publicada / EMERSIO
CUSTODES
Dos presencias verticales en un territorio dividido
- Medidas
- 31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
- Serie
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EMERSIO
Serie pictórica
EMERSIO
En EMERSIO, Maurizio Valch aborda el instante incierto en que una forma comienza a distinguirse del territorio que la contenía. Campos cromáticos, horizontes y estructuras en tensión dan cuerpo a una aparición todavía vulnerable, situada entre paisaje, arquitectura y presencia. Ver serie
- Estudios de contexto
- 10
Nota conceptual
CUSTODES sitúa dos presencias verticales en un territorio dividido, como si hubieran comenzado a separarse de los campos que todavía las sostienen. La pieza pertenece a EMERSIO no porque narre un origen, sino porque mantiene abierta la condición incierta de toda aparición: las formas ya ocupan un lugar propio, pero aún cargan con la materia, las tensiones y los límites del espacio del que proceden. En la pintura de Maurizio Valch, esa emergencia no equivale a una conquista; supone también exposición, fragilidad y la necesidad de sostenerse ante una extensión que ha dejado de ser fondo.
El título orienta la mirada hacia una relación de vigilancia o custodia, aunque no permite decidir quién protege a quién. La figura alta, oscura y hendida en su coronación domina el campo sin llegar a estabilizarlo; la otra, más estrecha, reúne verde profundo, sombra y un filo rojo que parece mantenerla en tensión. Pueden sentirse como arquitecturas, cuerpos o señales territoriales, pero ninguna de esas lecturas basta por sí sola. Entre ambas se abre una pregunta más amplia: ¿qué ocurre cuando una presencia adquiere contorno sin desprenderse completamente de su origen? La distancia entre ellas no es vacía; organiza una convivencia cautelosa dentro de un terreno todavía móvil.
Hay una afinidad puntual con Nicolas de Staël en la manera en que las masas cromáticas pueden quedar suspendidas entre bloque, paisaje y arquitectura. Sin embargo, Valch no busca la condensación luminosa de un paisaje reconocible. Sus formas conservan una frontalidad más aislada y casi escultórica: no describen un lugar, sino que miden su resistencia dentro de él. Las discretas marcas incisas, apenas perceptibles en las franjas de color, introducen además una escala distinta, como restos de una cartografía que no termina de explicar el territorio.
La composición se sostiene mediante grandes bandas horizontales: una franja superior casi negra, una extensión naranja intensa, un plano gris verdoso y un suelo fragmentado en rojo, azul y carmín. Contra esa organización apaisada se levantan las dos figuras, cuya verticalidad interrumpe la calma geométrica sin destruirla. El naranja hace que sus sombras pesen más; los bordes irregulares, las veladuras oscuras y las variaciones de densidad impiden que se vuelvan emblemas cerrados. Incluso en esta presentación, donde el formato vertical revela su presencia física, permanecen menos como objetos autosuficientes que como formas en proceso de afirmarse.
Me interesa que una forma pueda aparecer sin convertirse enseguida en una identidad. En CUSTODES no quise pintar personajes ni edificios, sino presencias que mantienen una relación incierta con el territorio y entre sí. A veces una estructura parece proteger; otras veces parece necesitar protección. Esa ambigüedad me importa: emerger no es alcanzar una forma definitiva, sino empezar a sentir el peso, la distancia y la vulnerabilidad de ocupar un lugar propio.