Estudio de contexto / ASCENSUS
Maurizio Valch - ASCENSUS en Salón Contemporáneo Wabi-sabi
La mirada tropieza de inmediato con la herida que surca el plano: un horizonte oscuro y sumario que corta la vasta llanura verde de ASCENSUS, obligando al ojo a detenerse ante la rotunda gravedad de un bloque rojo suspendido en el vacío de la superficie. Esta disposición espacial evoca de inmediato las advertencias de G. I. Gurdjieff, el místico y filósofo que cuestionó el automatismo humano y defendió la necesidad de un esfuerzo consciente para despertar del "sueño" cotidiano, sugiriendo que la existencia no examinada no es más que una inercia mecánica. En este sentido, la pintura no funciona como una ventana contemplativa, sino como un dispositivo de fricción donde el gran bloque rojo opera como un "recuerdo de sí", un eje de atención pura que lucha por sostenerse contra la tendencia letárgica de un territorio que empuja hacia la horizontalidad. El color no flota plácidamente; se yergue como un monumento de resistencia consciente ante el adormecimiento del entorno.
Cuando me enfrento al lienzo de 80x120 centímetros, no pienso en absolutos metafísicos ni en revelaciones trascendentales, sino en la resistencia física de la materia. Siento el peso real del acrílico, la densidad de un pigmento rojo que exige su propio espacio sobre la tela y que, lejos de elevarse con ligereza, presiona la superficie con la obstinación de un cuerpo físico. Esa línea oscura que corta el verde no nació para ser un horizonte pacífico que invite al reposo; es una cicatriz violenta, una incisión cruda sobre la que decidí suspender el bloque principal para evidenciar la fractura del espacio. Me resulta ajena la lectura que busca en mis cuadros una mística incorpórea, pues antes de que este plano sea una alegoría de la elevación, es una masa de pintura acumulada que empuja, que choca y que impone su presencia táctil frente a la mirada.
Al descender hacia la base del cuadro, la composición revela su cimiento más enigmático en ese bloque oscuro y denso que ancla la pintura, flanqueado arriba por dos pequeños satélites rojos que parecen vigilar los límites de la estructura. Desde la perspectiva de Carl Gustav Jung, el psiquiatra suizo que cartografió los arquetipos del inconsciente, esta masa inferior podría identificarse con la Sombra, aquel suelo primordial de la psique que sostiene, desde la oscuridad, todo intento de individuación y ascenso espiritual. Sin embargo, esta interpretación tropieza con la visión de Osho, el filósofo y místico que defendía la libertad y la celebración del cuerpo frente a las estructuras rígidas, quien nos incitaría a desconfiar de este orden vertical. Bajo esta óptica discordante, cabe preguntarse si el "ascensus" sugerido por el título no constituye en realidad una sutil trampa moral: una domesticación de la energía vital en favor de una arquitectura dogmática que, al imponer su jerarquía, vigila y controla el territorio desde las alturas.
Acepto esa tensión; la rigidez geométrica que impongo a mis bloques no busca encadenar la fuerza vibrante del color, sino ofrecerle un suelo firme donde encarnar y manifestarse con verdadera potencia. A menudo regreso mentalmente a la severidad del paisaje mediterráneo, a la presencia rotunda de los monolitos antiguos recortándose bajo un sol implacable, donde la piedra erguida no niega la tierra, sino que la afirma a través del contraste. En mi pintura, el orden y la fractura se necesitan mutuamente para existir, de la misma manera que el silencio necesita del grito para ser escuchado. No pretendo que el lienzo resuelva de manera armónica el eterno conflicto entre la inercia de la tierra y la llamada del cielo; mi único propósito es sostener esa herida abierta en el espacio, permitiendo que la contradicción respire.
Al final, la contemplación de esta pintura de 80x120 centímetros nos devuelve a la vibración cruda de la materia sobre la superficie, un recordatorio de que la tensión vertical de ASCENSUS apela a una memoria humana extremadamente antigua. Aquella que compartimos con quienes erigieron los primeros menhires y dólmenes en el paisaje europeo, monumentos megalíticos donde levantar una piedra del suelo no era un mero ejercicio constructivo, sino un acto primigenio de insurrección contra la gravedad y el olvido. Valch actualiza este impulso ancestral desnudando el espacio y despojándolo de cualquier adorno innecesario para confrontarnos con la pura gravedad del color. Frente al cuadro, desprovistos de certezas absolutas, solo nos queda habitar el espacio intermedio que se abre entre la inercia del verde y ese rojo suspendido que, obstinado, se niega a caer.
- Obra original
- ASCENSUS
- Medidas reales
- 31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
- Presentación
- Visualización contextual digital
Referencias de contexto
Maurizio Valch ASCENSUS pintura · cuadro abstracto verde oliva y rojo · arte abstracto decoracion wabi-sabi · pintura brutalista contemporanea · obras de arte de 80x120 cm
Sobre esta visualización
Esta visualización sitúa la obra dentro de un contexto arquitectónico para ayudar a coleccionistas y público a imaginar su presencia en un espacio real. Es una referencia interpretativa, no una reproducción exacta: la obra original es la única autoridad sobre la escala, el color, la superficie y la presencia material.