Obra publicada / LIMINA
ADITUS
Un territorio de niveles, señales y accesos inciertos.
- Medidas
- 31.5 × 47.2 in / 80 × 120 cm
- Serie
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LIMINA
Serie pictórica
LIMINA
En LIMINA, Maurizio Valch construye territorios de tránsito mediante planos superpuestos, horizontes contenidos, recintos inestables y formas suspendidas. La pintura sostiene una arquitectura elemental mientras filtraciones, chorreados e incisiones introducen una movilidad que impide toda orientación definitiva. Ver serie
- Estudios de contexto
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Nota conceptual
ADITUS, título latino que remite a la entrada o al acceso, sitúa la pregunta de LIMINA en un lugar especialmente preciso: no ante un destino, sino ante las condiciones inciertas de llegar a él. Maurizio Valch organiza el lienzo como un territorio distribuido en franjas y niveles que conservan una lógica constructiva sin volverse arquitectura reconocible. Pequeños rectángulos luminosos, un marco vacío y una escalera apenas trazada interrumpen la extensión oscura; sugieren pasos posibles, pero ninguno queda asegurado.
La obra sostiene una paradoja: hay divisiones, bordes y señales suficientes para orientarse, aunque cada uno parece desplazar la orientación hacia otra parte. La escalera asciende hasta un umbral minúsculo y aislado; las formas rojas, amarillas y blancas adquieren la intensidad de avisos en un campo vasto, pero no entregan instrucción alguna. Acceder, aquí, puede significar aproximarse, detenerse o descubrir que toda entrada contiene también una separación. Así, el territorio exterior comienza a rozar una experiencia interior de distancia y búsqueda, sin quedar reducido a ella.
Puede advertirse una afinidad puntual con Paul Klee en la función de estas pequeñas formas como signos y medidas de escala dentro de un espacio amplio. Sin embargo, en Valch no producen una arquitectura ligera ni un sistema lúdico: quedan sometidas a una atmósfera más densa, erosionada y nocturna. La superficie tratada por capas, filtraciones y líneas incisas también acerca su trabajo, de manera crítica, a la idea de muro o piel presente en Antoni Tàpies, aunque aquí esa materialidad permanece contenida por una estructura territorial de horizontes inestables.
Una banda turquesa atraviesa el centro con una luminosidad acuosa y comprimida, entre campos de violeta negruzco, óxido y tierra oscura. Sobre ella, un arco fino describe una curva que no llega a cerrar ningún recinto. En la parte superior, una forma pálida deja caer veladuras verticales; abajo, líneas claras separan estratos inclinados y conducen la mirada hacia la pequeña escalera. Los contornos incisos y los goteos no decoran el orden: lo vuelven vulnerable, como si el pigmento estuviera modificando lentamente los límites que lo contienen.
No me interesa que una escalera garantice ascenso ni que un rectángulo se vuelva definitivamente puerta. Necesito que esas formas permanezcan en el borde de su sentido, como presencias que proponen una dirección sin dominarla. Pinto territorios donde algo parece poder atravesarse, aunque no sepamos todavía qué permite el paso ni qué queda del otro lado. Tal vez la pintura consista en permanecer un poco más ante esa incertidumbre, sin apresurarse a convertirla en explicación.