Serie · 2025–Present
EMERSIO
Formas que se separan de su origen
Sobre esta serie
En EMERSIO, Maurizio Valch aborda el instante incierto en que una forma comienza a distinguirse del territorio que la contenía. Campos cromáticos, horizontes y estructuras en tensión dan cuerpo a una aparición todavía vulnerable, situada entre paisaje, arquitectura y presencia.
EMERSIO se concentra en un instante anterior a toda estabilidad: el momento en que algo empieza a ocupar un lugar propio sin haberse desprendido por completo de aquello que lo origina. Las formas no llegan como figuras terminadas ni como signos destinados a ser descifrados. Surgen dentro de un territorio que aún las sostiene, las rodea y, en cierta medida, parece reclamar su permanencia.
Esta condición de aparición prolonga una pregunta decisiva en la práctica de Maurizio Valch: cómo puede una forma hacerse presente sin fijarse de inmediato en una identidad cerrada. Sus campos de color, horizontes, divisiones espaciales y masas monolíticas no describen una geografía reconocible, pero conservan la experiencia de un suelo, una distancia y una resistencia. El territorio deja de funcionar como fondo pasivo. Produce límites, direcciones y relaciones de escala; obliga a cada presencia a medir su posición dentro de un espacio que no termina de ser exterior ni interior.
El proceso material acompaña esa incertidumbre. El acrílico y el óleo sobre lienzo permiten construir superficies por capas, veladuras, empastes e incisiones, de modo que la imagen no aparece como una forma colocada sobre una base neutra. La materia conserva sedimentaciones, correcciones y zonas de densidad diversa. Cuando una estructura se separa de esos estratos, no alcanza una autonomía absoluta: lleva consigo la presión de la superficie de la que emerge. La pintura registra así una aparición que también es una exposición.
En esta serie, la austeridad compositiva no equivale a una voluntad de orden definitivo. Las arquitecturas, bloques y divisiones pueden sugerir construcción, pero retienen algo precario, como si todavía estuvieran aprendiendo a sostenerse. Esa ambigüedad distingue a EMERSIO de una abstracción puramente geométrica: la forma no se presenta como solución racional, sino como una presencia sometida a la fragilidad de haber abandonado una unidad anterior.
El recorrido de Valch desde espacios más suspendidos y oníricos hacia territorios de mayor peso encuentra aquí una inflexión particular. Lo anterior no desaparece cuando el suelo adquiere estructura; permanece como una reserva silenciosa bajo la nueva organización. EMERSIO no narra un progreso triunfal. Propone, más bien, que toda aparición comporta una pérdida de protección: hacerse visible implica aceptar una relación más intensa con el límite, la distancia y la vulnerabilidad.
Frente a estas pinturas, el espectador puede reconocer el surgimiento de una forma sin necesidad de decidir qué representa. La mirada queda ante un umbral: algo se organiza, gana presencia y altera el campo que lo contiene, aunque todavía no pueda decirse del todo qué llegará a ser. Esa suspensión conserva abierta la pregunta central de la serie: qué significa comenzar a existir como forma cuando el origen continúa actuando dentro de uno.
Esta condición de aparición prolonga una pregunta decisiva en la práctica de Maurizio Valch: cómo puede una forma hacerse presente sin fijarse de inmediato en una identidad cerrada. Sus campos de color, horizontes, divisiones espaciales y masas monolíticas no describen una geografía reconocible, pero conservan la experiencia de un suelo, una distancia y una resistencia. El territorio deja de funcionar como fondo pasivo. Produce límites, direcciones y relaciones de escala; obliga a cada presencia a medir su posición dentro de un espacio que no termina de ser exterior ni interior.
El proceso material acompaña esa incertidumbre. El acrílico y el óleo sobre lienzo permiten construir superficies por capas, veladuras, empastes e incisiones, de modo que la imagen no aparece como una forma colocada sobre una base neutra. La materia conserva sedimentaciones, correcciones y zonas de densidad diversa. Cuando una estructura se separa de esos estratos, no alcanza una autonomía absoluta: lleva consigo la presión de la superficie de la que emerge. La pintura registra así una aparición que también es una exposición.
En esta serie, la austeridad compositiva no equivale a una voluntad de orden definitivo. Las arquitecturas, bloques y divisiones pueden sugerir construcción, pero retienen algo precario, como si todavía estuvieran aprendiendo a sostenerse. Esa ambigüedad distingue a EMERSIO de una abstracción puramente geométrica: la forma no se presenta como solución racional, sino como una presencia sometida a la fragilidad de haber abandonado una unidad anterior.
El recorrido de Valch desde espacios más suspendidos y oníricos hacia territorios de mayor peso encuentra aquí una inflexión particular. Lo anterior no desaparece cuando el suelo adquiere estructura; permanece como una reserva silenciosa bajo la nueva organización. EMERSIO no narra un progreso triunfal. Propone, más bien, que toda aparición comporta una pérdida de protección: hacerse visible implica aceptar una relación más intensa con el límite, la distancia y la vulnerabilidad.
Frente a estas pinturas, el espectador puede reconocer el surgimiento de una forma sin necesidad de decidir qué representa. La mirada queda ante un umbral: algo se organiza, gana presencia y altera el campo que lo contiene, aunque todavía no pueda decirse del todo qué llegará a ser. Esa suspensión conserva abierta la pregunta central de la serie: qué significa comenzar a existir como forma cuando el origen continúa actuando dentro de uno.
Etiquetas
pintura abstracta contemporánea; abstracción territorial; abstracción minimalista; pintura brutalista; pintura matérica; acrílico y óleo sobre lienzo; superficies estratificadas; superficies texturizadas; campos de color; horizontes abstractos; formas monolíticas; divisiones espaciales; incisiones; paisaje abstracto
Obras de la serie